Desplazados Climáticos: una realidad latente en Ayacucho
Desde Huñuq Mayu hacemos un llamado urgente a la acción
El cambio climático ya no es una amenaza futura: es una realidad que se vive día a día en los Andes de Ayacucho, especialmente en zonas como Vinchos, Huanta y Andahuaylas, donde trabajamos junto a comunidades rurales que enfrentan las consecuencias directas de la crisis climática.
En estos territorios, las lluvias son cada vez más escasas y los suelos menos fértiles. La agricultura y la ganadería —actividades base del sustento familiar— se han vuelto insostenibles. Como resultado, muchos jóvenes están migrando hacia las ciudades, dejando atrás sus comunidades y, con ellos, el cuidado ancestral de los ecosistemas altoandinos.
Desde nuestra experiencia en campo, constatamos una realidad preocupante: los desplazados climáticos son hoy una nueva forma de migración interna que avanza silenciosamente. Esta migración desordenada está generando presión en las ciudades y, al mismo tiempo, debilitando la vida comunitaria y la gestión sostenible del territorio rural.
Sin embargo, las comunidades no se rinden. En Churia, distrito de Vinchos, la población se ha organizado para adaptarse al cambio climático. Como relata Adolfo Misaryme, comunero local:
“Nuestros ancestros tenían abundante agua y no pensaron en hacer estas lagunas; sin embargo, hace un año, en vista de la necesidad y el cambio climático, la población decidió construir lagunas, a través de faenas, en solo 15 días y ahora almacenamos bastante agua.”
Este testimonio refleja la capacidad de resiliencia y la sabiduría ancestral que aún habita en nuestras comunidades. Pero también muestra la urgencia de actuar: sin políticas públicas que reconozcan y apoyen a los desplazados climáticos, seguiremos perdiendo a los guardianes de nuestros ecosistemas andinos.
Desde Huñuq Mayu hacemos un llamado a las autoridades nacionales, regionales y locales a formular políticas públicas integrales que fortalezcan la vida rural, promuevan la adaptación al cambio climático y garanticen condiciones dignas para las familias del campo. Cuidar legalmente a quienes habitan y protegen nuestras montañas es también cuidar el futuro del agua, de la biodiversidad y de la vida misma.
